BENJAMÍN: ABSTRACCIÓN Y SENTIMIENTO

Al explorar el infinito potencial de la configuración geométrica, Benjamín busca y encuentra sus propios motivos, aquellas formas que responden al misterioso proceso de afinidad y pertenencia que distingue al artista original; aquel que no busca ser diferente, sino ser él mismo. Las formas elegidas y sus variaciones son los hitos que definen su trayectoria.

El conocimiento profundo de la percepción gestáltica, lo lleva a eliminar todo elemento circunstancial o aleatorio para quedarse con el núcleo formal generador en su radical pureza.
Geometrismo y abstracción parecieran ser la fórmula para abolir lo individual en la expresión plástica. Esta muestra ejemplifica lo contrario, porque aquí el rigor se emplea como instrumento para llegar a la propia verdad. El artista se compromete en un proceso de interrogación exhaustiva, y, a la manera del acechador, acosa el aparente caos de lo real para extraer un universo proteico a partir formas geométricas simples. Sus módulos funcionan como células plenas de potencial orgánico.

A favor de la continuidad entre los géneros Benjamín incursiona en el arte cinético que multiplica los planos de profundidad, creando una dinámica que rebasa el estatismo del plano. Desde la ilusión cinética transita al discreto relieve, cercano al doblez, y logra un claroscuro que dramatiza el contraste de superficies.
Con el mismo propósito de fusión integra el color y la textura a los volúmenes plásticos. Así, cubos y esferas coloridos no son sólo esculturas, sino pintura que conquista el reino tridimensional, trascendiendo victoriosa los límites del cuadro.
Sus series de serigrafía y grabado presentan múltiples variaciones de línea y color que ilustran diversas posibilidades de sintaxis formal en un proceso de análisis y síntesis.

Demostrando que es posible el diálogo entre tradición y contemporaneidad, nuestro artista retoma el tema de la greca escalonada y consigue lo increíble: aportar nuevas configuraciones en un terreno que había colmado sus posibilidades de expresión, gracias a la maestría de los artistas mixtecas y totonacas. Tal como la serpiente se vuelve sobre sí misma, la greca de ida y vuelta de Benjamín obedece al equilibrio entre las fuerzas centrípetas y centrífugas. La composición gravita sobre un centro, al tiempo que su periferia escalonada continúa en movimiento perpetuo. La greca rompe así la sucesión indefinida y cierra el ciclo, sin renunciar al dinamismo que la caracteriza.
Las columnas metálicas que nos ofrece en pequeño formato son sucesiones verticales de piezas, cuyo diseño milimétrico recuerda el ajuste perfecto de las máquinas.
Debido a su monumentalidad intrínseca, podemos imaginar estas columnas como ultramodernos menhires a escala urbana.

A medio camino entre el objeto utilitario y la abstracción virtual, sus esculturas transparentes nos inquietan. Dibujo tridimensional donde bastan las aristas para delimitar volúmenes etéreos que habita el aire.
Más que al minimalismo, sus creaciones obedecen al rigor que propone Valéry en su libro Eupalinos:
Llamo geométricas a las figuras que son huellas de esos movimientos que podemos expresar con pocas palabras.
Inmerso en la dialéctica de lo apolíneo contra lo dionisiaco, el estro de Benjamín es un río caudaloso de múltiples afluentes, cuyo ritmo modulan las márgenes serenas de la geometría platónica.

Siguiendo a Gorostiza: constreñida por el rigor del vaso que la aclara el agua toma
forma.

Iliana Godoy

verano 2004